Por qué los cuentos de hadas son importantes para los niños (Y también para los adultos)

“Caperucita Roja fue mi primer amor. 

Yo sentía que si podía casarme con ella, sería feliz para siempre”

– Charles Dickens

 

El mundo de las leyendas, cuentos, historias y mitos encierra beneficiosas enseñanzas que actúan sobre el pensamiento de manera inconsciente. Los cuentos, según el periodista y escritor español Enrique Balasch, configuran un pilar fundamental en la enseñanza primordial para que los seres humanos puedan afrontar la vida con garantías mínimas de éxito. El niño que recibe cuentos aprende a defenderse de los problemas propios de la existencia terrena.

 

Sin embargo no es necesario ser niño para ingresar al mundo de los cuentos, basta escuchar “érase una vez” para ser transportado a un mundo mágico que no siempre termina en un “vivieron felices para siempre”. Según la periodista y folklorista brasileña Karin Hueck, uno se engaña al creer que las historias tratan sobre hadas, brujas, príncipes encantados y niños perdidos en el bosque. En cualquier narración, detrás de los enredos simples están inmersos importantes mensajes de vida y muerte, conquista y derrota, alegría y tristeza, cuestiones que hablan directamente con el mundo interior de los receptores. Las inquietudes que todos los seres humanos sentimos y las soluciones para los problemas, ya sean pequeños o enormes, se encuentran escondidas en los relatos populares y eso es lo que los hace universales.

La persona formada con cuentos posee enseñanzas psicológicas que le ayuda a encontrar un sinfín de soluciones a problemas cotidianos ya que dichas experiencias se fundamentan en experiencias universales y únicas en los seres humanos. Según el antropólogo alemán Adolfo Bastián, la uniformalidad de la mente humana, sin importar el estrato social, etnia o la cultura perteneciente, es tan semejante que en las mismas circunstancias todos los hombres, incluso los de las razas más distantes en tiempo y espacio, inventan las mismas cosas. Por ello es que los cuentos contienen las mismas enseñanzas sin importar el momento ni el lugar de donde provengan.

Los cuentos enseñan al ser humano desde la niñez a vivir, a descubrir el sentido profundo de una existencia cargada de penalidades y experiencias de todo tipo. Según Balasch “La vida es un mar de sufrimiento con pequeñas islas de aparente felicidad. Los cuentos contienen la primera enseñanza de este tipo. La Biblia afirma que Jesucristo sufrió martirio en la cruz para redimir a los hombres, y en las prácticas budistas un antiguo proverbio señala ku-hai yu-sheg cuyo significado puede traducirse como la necesidad de sobrevivir en un mundo de sufrimiento”. En los cuentos, los protagonistas sufren diferentes penalidades y sufrimientos hasta que superan pruebas que permiten conseguir sus propósitos. Aunque personalmente no comparto que la vida se trata de vivir en un mundo de sufrimiento, este es parte de la experiencia humana en general. Cualquier persona, en cualquier cultura siente inseguridad, miedo, rabia, amor, compasión y por supuesto sufrimiento. Señala Huick que según estos sentimientos surgen historias con enredos parecidos para apaciguar estas sensaciones que ocurren a todos los seres humanos por igual, y esto explica por qué existen tantas versiones de los mismos cuentos alrededor del mundo.

Ese es uno de los grandes misterios que envuelven a los cuentos populares, el que historias tan parecidas y con características tan similares atraviesen continentes, el que detalles idénticos aparecen en narrativas separadas por millares de años. Según la autora, existen dos explicaciones para esto; o las historias tenían atractivo suficiente para ser transmitidas de boca en boca entre las diversas culturas o surgieron independientemente y simultáneamente en sociedades diferentes. Esta segunda teoría está ligada al conceptos de arquetipos del psicólogo analítico suizo Carl Gustav Jung, quien señala que la mente guarda huellas mentales de tiempos primitivos. Es decir que existen imágenes colectivas que todas las personas reconocen y con las cuales todos nos relacionamos. Son temas y figuras simbólicas que no tienen origen conocido; y ellos aparecen en cualquier lugar del mundo, aún donde no es posible explicar su transmisión por descendencia directa. Esa noción de imágenes ancestrales identificables por cualquiera y en cualquier lugar del mundo, como si lleváramos en la mente un chip predestinado a crear los mismos símbolos en cualquier situación, explica que haya relatos tan parecidos en regiones distantes y sin comunicación, las mismas narraciones nacieron independientemente en diferentes lugares del mundo.

Otra teoría es que las historias simplemente hayan sido transmitidas boca a boca hasta los confines del mundo; el miedo a la muerte, la rivalidad entre hermanos, la búsqueda de los desconocido, el humano descuidado atacado por una criatura sobrenatural, son asuntos universales que existen dentro de todas las personas y generan historias igualmente universales. Al ser humano le gusta crear y compartir cuentos que traten de estos temas, justamente porque nos identificamos con ellos, su atractivo es tan fuerte que caminan de una mente a otra como un meme, en el sentido original de la palabra. Es parte de nuestra naturaleza el gustar siempre del mismo tipo de historias. El mitólogo americano Joseph Campbell señala que ya sea dentro de una caverna o en el centro de una metrópolis, todos pasamos por los mismos estados de infancia, madurez sexual, transformación de la infancia a la responsabilidad del hombre y la mujer adulta, matrimonio, decadencia del cuerpo, gradual pérdida de fuerza y muerte. Uno tiene el mismo cuerpo, las mismas funciones corporales y por ello uno responde a las mismas imágenes, a los mismos estímulos, a las mismas historias.

Los cuentos clásicos conservan los cimientos de una sabiduría universal, las enseñanzas abstractas de los cuentos se arraigan con fuerza en la psique del ser humano. Las historias, a través de las experiencias que viven sus protagonistas transmiten al niño la esencia o razón primera del ser que se transforma en virtud de su propia existencia. Los cuentos muestran nociones abstractas e ideas concretas, conservan las memorias de la humanidad. Como indica el ensayista y poeta francés Georges Jean, los cuentos son formas sencillas, son unidimensionales y lineales, por lo cual proponen interpretaciones globales. Los cuentos presentan personajes con variables según la naturaleza del relato, Propp y otros estructuralistas han demostrado la presencia en todos los cuentos de funciones y situaciones actanciales que aunque no aparezcan todas siempre (31 funciones para Propp), sí aparecen en la misma sucesividad. Esta constante narrativa tranquiliza al ser humano. El psicólogo norteamericano Bruno Bettelheim apuntó sobre la función aseguradora de los cuentos, ya que en esta estructura sencilla los riesgos son menores y aparecen en el terreno de la imaginación, lo que permite vivirlos por partida doble y sin asumirlos físicamente.

Los cuentos enseñan a vivir, advierten a la mente del receptor de las penalidades de la existencia, de la necesidad de hacer uso de la paciencia y perseverancia en la vida y de la causa última de dicha existencia: la consecución de la sabiduría universal. Para Balasch, los cuentos insisten en la concepción de la muerte, la principal preocupación de las mentes inmaduras. El ser humano siente un verdadero terror ante a idea de la muerte, porque desde el punto de vista psicológico, la muerte se asimila con la oscuridad, lo desconocido, el mundo de las tinieblas, el finis terre donde habitan los montruos. Por ello, los cuentos enseñan que tras la muerte hay siempre un renacer, tal como la mujer dormida despierta del sueño o el enfermo puede curarse tras el ataque de un ser desconocido. Sin embargo los cuentos no siempre hablan de una vida tras la muerte, pero sí en general sobre abandonar la ignorancia para obtener la sabiduría y conseguir la verdadera inmortalidad: la unión ontológica del ser humano (microcosmos) con el universo (macrocosmos), la sabiduría absoluta.

El tiempo devora al hombre y le conduce a la muerte física, pero la sabiduría se alimenta del tiempo. Por ello los cuentos rechazan la muerte como desaparición de la conciencia del ser y se muestran en forma de sueño, coma, muerte aparente o letargo. Para Balasch, el sueño y la muerte son dos caras de la misma moneda, dormir es morir. El primer paso para vencer el miedo natural a la muerte está en los cuentos, en los relatos, en los mitos y leyendas. El primer paso para vencer cualquier miedo y adquirir gusto por la sabiduría está en los cuentos, en los relatos, en los mitos y en las leyendas.

 

Lic. Selene Pinto Olivera

 


BIBLIOGRAFÍA

BALASCH, Enrique. El lenguaje secreto de los cuentos. Madrid: Oberon, 2004.

HUECK, Karin. El lado oscuro de los cuentos. Sao Paulo: Editora Abril, 2016.

JEAN, Georges. Los senderos de la imaginación infantil. México D. F.: Fondo de Cultura Económica, 1994.

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