Los juegos de rol como herramienta pedagógica

Pandilievers, comparto con ustedes un momento de mi vida de transición en el cual me toca decir adiós a mi trabajo soñado, al trabajo que yo inventé y al cual le dediqué muchos años de aplicación y disciplina. Fui profesora de mitología universal por más de 10 años y lo hice jugando rol, qué les parece? Hoy me toca dejar esta labor por un tiempo, dadas decisio  nes que tomé para emprender nuevos rumbos en mi vida.

Les comparto un artículo que escribí sobre mi experiencia.

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Hace un tiempo atrás, cuando estudiaba psicología en la Universidad Católica Boliviana, me asignaron un trabajo muy interesante para la materia de psicopedagogía. La docente Yolanda Ferreira, quien luego fue guía en el diplomado en educación superior, pidió que hiciéramos una propuesta pedagógica con una didáctica que sea distinta a la educación tradicional.

En ese entonces, yo narraba juegos de rol como Vampiro La Mascarada y El Señor de los Anillos, era una actividad que ocupaba todos los espacios libres que tenía. Recuerdo que la primera vez que narré estaba nerviosa, pero una vez que me entregué a la experiencia no volví a ser personaje jugador nunca más. Ser narrador implicaba creatividad, habilidades de actuación, mente estratega, iniciativa aguda y control sobre la propia historia. No lo solté nunca más.

Siempre fui amante de la lectura, especialmente de la fantasía heroica, el terror y la historia. Estaba leyendo “Devoradores de Cadáveres” de Michael Crichton, texto que fue adaptado a la pantalla grande con el nombre de “13 Guerreros”. Ahí fue que tuve una idea fuera de lo común: ¿Por qué no hacer una didáctica que incluya narrativa para enseñar s

obre vikingos? Entonces pregunté a mi grupo de personajes jugadores si se animaban a hacer un experimento.

Hice dos grupos de estudio que incluían a cinco personas; al primero le di una clase magistral sobre mitología nórdica y al segundo le hice jugar rol basado en la historia que estaba leyendo, a la cual incluí información sobre los principales dioses haciendo hincapié en las creencias. Para el balance de aprendizaje usé como herramienta cuestionarios que midieron la identificación de conceptos básicos sobre dioses y eventos primordiales en las leyendas norsas. El resultado fue increíble, aunque ya me lo esperaba: los chicos que jugaron rol manejaban conceptos de manera precisa y aplicaban lo aprendido para la optimización de sus roles.

Al paso del tiempo, hace unos diez años atrás, tuve la oportunidad de empezar a dictar clases sobre mitología universal en la Fundación Cajías. Una vez que esta cerró, empecé a hacerlo en el centro Trasciende. Mi cambio coincidió con el diplomado en educación superior que realicé en la UCB. Con nuevos enfoques y perspectivas, cambié mi manera de dar las clases aunque el no de manera radical (aún). Un docente actor, Toto Torres, se fascinó cuando le conté lo que hacía y sugirió que de mis clases en media luna, que ambiente con música.

Recuerdo que estábamos viendo mitología celta y la historia que leí estaba relatada por un rey goblin. En clases, surgió. El goblin se apoderó de mí y empezó a contar lo que le había sucedido en el país de las hadas. Mis estudiantes no pestañearon. Lamentablemente no pude terminar el ciclo pues me llegó una invitación para visitar China, un seminario para altos funcionarios de la prensa en Latinoamérica, yo era la delegada boliviana. En Beijing aprendí bastante sobre la importancia de la interacción y cómo las redes sociales están modificando la manera en la cual vivimos, lo más interesante: ofrecer al cliente experiencia.

Retorné y abrí un nuevo curso sobre mitología griega. Para mi sorpresa, cuatro nuevos estudiantes eran actores de teatro. No tuve que pensarlo mucho, ahí mismo les propuse que escojan cada uno interpretar a un dios del Olimpo. Después de cuatro sesiones, mis clases mutaron y se convirtieron en sesiones de rol en las cuales yo otorgo a los chicos situaciones y ellos intervienen. Sucede lo mismo que en el RPG: se hacen alianzas, se pelean, traicionan, buscan poder, incluso cuando mueren sus personajes se escogen algunos similares. Es impresionante!

Me alegra mucho poder justificar que aplico lo que aprendí narrando rol como una virtud que se destina hacia herramientas pedagógicas y didácticas que aseguran que cada unidad de aprendizaje sea retenida de manera óptima por mis estudiantes. Retroalimentan sobre la clase en tiempo real y yo descubro inmediatamente si ellos comprenden lo que se está avanzando. Describen las características de los diferentes personajes en base a lo que estudian por su cuenta y lo que avanzan conmigo, identifican los puntos importantes en los eventos y acontecimientos de las historias.

Creo que si toda la historia se enseñara en forma de narraciones y divirtiéndose, sería mucho más fácil de entender. Aprendí a dar las clases mediante la motivación de diseñar una materia que me hubiera gustado cursar, y no puedo quejarme de que no tengo tiempo para jugar rol. Y a mis estudiantes les otorgo la experiencia de revivir historias de la mitología clásica que aman y no olvidan fácilmente.

 

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